¿Apostarías tu vida al ateísmo?

El método ateo, para mí, no contiene suficiente justificación por sí mismo como para confiarle mi vida a esa creencia, especialmente cuando exige del argumento opuesto un nivel de prueba que él mismo no puede ofrecer.

Cuando necesito discernir si una creencia es justificablemente adoptable, utilizo una pregunta para extraer su fundamento. Esto es aún más necesario cuando la duda es persistente, confusa, y cuando tanto la conclusión como la verdad parecen inestables. La existencia humana, en sí misma, demanda explicación.

Cuando se presenta un argumento ateo, teísta o simplemente anticristiano, me hago una pregunta, pero solo después de examinarlo con cuidado, para no aceptar una creencia vaga, sin raíz ni propósito. Dios no nos enseñó a creer sin entendimiento.

Pedro nos exhorta a saber por qué creemos lo que creemos. Y la Escritura también nos recuerda que la fe, como el oro, es probada para ser purificada.

No creemos ciegamente. Somos llamados a conocer la fuente y el propósito de nuestra fe.

Entonces, cuando aparece la confusión y el reto, uso una sola pregunta:

¿Estaría dispuesto a apostar mi vida y la de mis hijos en el argumento que se me presenta?

Mi meta no es llevar al lector a mi lado epistemológico, sino compartir un marco de discernimiento frente a aquello que no puede comprobarse empíricamente.

Aun así, me siento obligado a expresar mi confusión respecto al ateísmo contemporáneo. ¿Cómo es que exige pruebas al creyente sin demostrar la suya propia? Una postura que, en muchos casos, parece depender de la creencia en Dios, ya que gran parte de sus argumentos se construyen como crítica al teísmo.

Esto lo vuelve, en cierto sentido, dependiente de aquello que niega. Dios sigue siendo la fuente del debate. Sin fe —aunque sea como oposición— el ateísmo contemporáneo no existiría tal como lo conocemos.

Propongo entonces la siguiente pregunta:

¿Puede el ateísmo crear una estructura propia, independiente de la creencia en Dios?

Scroll to Top